cold
creative
Bueno, esto fue lo que salió como resultado al reto de "La torre Eidos". Es slash n.n Sirius/Remus. community.livejournal.com/torre_eidos/
Pareja: Sirius/Remus (SLASH).
Título: "Un pelo en las patatas".
Nivel en la torre: 1 (El salón del banquete).
Reto: 2 ("En el relato, un personaje o más encuentran un objeto inesperado dentro de la comida").
Rating: PG-13.
Extensión: 1433 palabras.
“Un Pelo en las patatas”
Todos saben que cuando la época de exámenes está más que cerca y, por consiguiente, la cantidad de estudio que ello implica, nadie debe dar razones a sus compañeros de enojarse o algo parecido, pues el ambiente tenso combinado con el cansancio lo pone de manifiesto más que nunca.
Y los merodeadores no eran para nada la excepción a esta regla.
Lunático se hallaba en el Gran Comedor, acompañado por Pettigrew, y leía con suma concentración uno de lo tantos libros sobre pociones (que había sacado de la biblioteca días antes) con el fin de mejorar al menos un poquito en esa materia, pues no era precisamente una de sus favoritas. Siendo sinceros, la aborrecía con el alma y si hacía eso era sólo porque quería tener al menos un “aceptable” en las pruebas. Y nada más.
Pasados unos minutos, se les sumaron Sirius y James con un ánimo visiblemente peor al que el resto de los estudiantes en el comedor tenían.
- ¡Ya! No puedo más – bufó exasperado Canuto mientras tomaba unas tostadas de frente a él, acompañadas de algunas patatas.
- Buen día, Canuto – dijo Remus en contestación a su amigo, con un deje de reproche en su voz. Pero en ningún momento apartó la vista de su libro, temiendo que de otra manera todo lo que llevaba reteniendo en los últimos minutos se le pudiera olvidar.
- ¡Bah! No estoy de ánimos para dar los buenos días a nadie – contestó Sirius rodando los ojos.
James ni siquiera se había dignado a dirigirles la palabra; se encontraba tan cansado que de no haberlo conocido nadie en ese salón, podrían jurar que era sólo un fantasma o algún autómata.
- ¡Puaj! – Sirius metió una mano en el interior de su boca llena con una desagradable mezcla de tostadas, jugo de calabaza y patatas - ¡Esta cosa tiene un pelo! – se quejó de nuevo, al tiempo que sacaba de su boca un gran pelo castaño que había estado momentos antes en uno de los tantos platillos que había metido en su boca. – Eso de la luna llena ya te está afectando, Lunático, hechas pelos por donde sea – se burló luego, en un intento de quitarle tensión al único momento del día que seguramente tendrían para hablar los cuatro en paz.
Sin embargo, no contaba con que ese día Remus no estaba para nada de humor como para soportar una de las constantes bromas acerca de su condición, más que nada porque, en efecto, la luna llena llegaría en unos días y a eso se le sumaba el estrés de todo lo demás.
- Eres un estúpido gilipollas, Canuto – gruñó el licántropo, cerrando por fin el libro en el que había estado leyendo más que empeñado para aprenderse hasta la última página. Acto seguido se puso de pie, dirigiéndole una mirada realmente furiosa, de esas que jamás le enviaría a un preciado amigo. Hasta ese día.
Se volteó para la salida del gran comedor con la respiración entrecortada y el rostro rojo de tanto enojo, caminando a grandes zancadas. Intentó controlarse, porque estaba seguro que si alguien le miraba de nuevo o decía algo regresaría a con Sirius y le daría un fuerte puñetazo.
Eso sólo logró que una expresión de desconcierto se plasmara en el rostro de Canuto, que en ese momento se rascaba la cabeza con frustración y cansancio. De verdad jamás hubiera creído que un simple comentario lograría hacer enojar tanto a su amigo a tal punto que le mirara con tanta rabia contenida y con sinceras ganas de romperle el cuello.
Inconscientemente, deseando quitarse todo rastro de culpabilidad, pensó que sólo era porque nadie estaba de humor ese día. O eso quería hacerse creer.
Y como si James hubiese estado desde un principio leyendo sus pensamientos le dijo:
- La cagaste, colega. Y mejor que nunca – levantó ambos hombros y movió la cabeza a los lados a señal de desaprobación.
- ¡Sólo bromeaba! –chilló Sirius en respuesta - ¿Cómo iba a saber que le molestaría? Además ni siquiera me dio tiempo de disculparme.
- Pues deberías ir tras él y hacerlo – respondió James, dando fin a lo que tenía que decir engullendo una gran cantidad de gelatina sabor limón en su boca.
Canuto rodó los ojos por enésima vez y siguió los pasos que minutos antes había marcado Lunático para seguirlo y disculparse por su actitud.
*
Remus Lupin entró en el dormitorio de Gryffindor azotando la puerta lo más fuerte que pudo, teniendo la esperanza que de ese modo su enojo lograra disiparse, pero lo único que logró fue quedarse al fin a solas con sus pensamientos.
Nadie sabía lo cansador que era tener que lidiar con algo que él para nada había escogido como estilo de vida, para que después el idiota de Sirius llegara haciendo comentarios estúpidos sobre ello.
En verdad odiaba eso, y odiaba a su amigo por no entenderlo.
Un suave toque a la puerta le hizo salir de su ensimismamiento de un sólo golpe, ocasionando que de nuevo su enojo se hiciera latente.
Sabía que era Black, lo sabía y eso lo hacía sentir mucha más cólera.
No contestó al llamado y su amigo entró a la habitación sin esperar un segundo más.
Se podía apreciar en sus orbes una mezcla de resignación y arrepentimiento. El corazón de Remus se encogió al verlo tan preocupado, mas no cambió su expresión.
Si Black lo había herido minutos antes, ahora iba a pagarlo caro.
Ninguno se movió, nadie hizo un solo movimiento; únicamente se observaban y ocupaban de parpadear y respirar.
Sirius sentía que lo torturaban y Lupin moría por que el maldito de Canuto se disculpara.
Pasaron interminables minutos así, hasta que éste primero con un fuerte carraspeo se removió de su posición, pasando una mano por su cabello al mismo tiempo que mordía su labio inferior.
- ¿Se te pasó el enojo? – fue lo único capaz de decir antes de que se sintiera como un completo inútil, como quien le pide a su mujer que le tenga consideración y le de otra oportunidad, o algo parecido.
- No – murmuró Remus dándole la espalda con la intención de mirar hacia otro lado que no fuera esos ojos grises que lograban desarmarlo.
De nuevo el silencio reinó. Sirius no paraba de pensar en una o más bien mil excusas para que su amigo lo disculpase y olvidara de una vez por todas esa pelea tan absurda.
Nuevamente hizo el intento, con lo primero que se le pasó por la mente.
“Remus perdóname”. Eso era lo que daba vueltas y vueltas en su conciencia. No concebía siquiera la idea de que su amigo no lo mirara.
- Sabes que no soporto para nada la idea de que no me mires o hables en todas las clases que compartimos juntos – se sinceró por fin, tragando una gran cantidad de saliva- Perdóname, Remus – murmuró. - ¡Es más! Comeré mil pelos tuyos en las patatas si es necesario… - añadió, subiendo exageradamente el tono de su voz, como cuando a una persona se le ocurre una idea bastante buena después de que se estuviera rompiendo la cabeza buscando un buen argumento para rebatir algún tema.
Lupin, que momentos antes sólo observaba hacia la ventana sin un punto fijo, se permitió la comodidad de sonreír abiertamente ante esa declaración de su amigo. Y, aunque no lo tuviera de frente, sabía que cosas como esas al seductor empedernido de Black le resultaban demasiado incómodas.
- Me agrada que dejes tu arrogancia de lado, Canuto. – Bromeó, volteando y acercándose a él con una gran sonrisa, de esas que pocas veces se veían en su cara.
Porque de verdad le encantaba Sirius Black, en todos los sentidos. Al punto que sus comentarios le llegaban más que el de cualquier persona… así que por aquella razón esa mañana había actuado tan susceptible y tenido tal arranque, que no era más que dolor disfrazado de furia.
- Buen perro – dijo, revolviendo su pulcro cabello hasta despeinarlo completamente.
Pero eso a Sirius no le importó, a pesar de que odiaba verse mal, puesto que ahora todo estaba bien con Lupin y no había qué comparase a eso. Sabía que nada ni nadie lograrían igualar ese sentimiento de extrema alegría que una gran sonrisa de un amigo como él le provocaba en ese instante, enterándole de que le había perdonado.
Y aunque Lupin lo hubiera tomado como una broma, hablaba en serio al decir que por más sonrisas como esa, sería capaz de comer mil pelos más en la comida.
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cocaiiiine's journal